Prehistoria del relato
- Francisco Vallenilla

- 5 mar
- 2 Min. de lectura
300 palabras sobre El abc de Byobu, de Ida Vitale

Byobu es madrugador y dubitativo. Ama el sol y tiene una capacidad singular para observar cosas sin importancia para los demás, como el brusco, esa planta de hojas oscuras, duras y ovaladas, que se hace matorral. Asimismo, aprecia los conocimientos menores, que se extinguen en contraste con algunos más codiciados (cómo ascender en la sociedad, por ejemplo). De común, intenta no hablar de sus problemas a otros, aunque asimismo evita mostrarse feliz: el humor suele garantizarle el equilibrio. En las conversaciones, bifurca los temas y no es raro que deje paréntesis abiertos. Quizá le aburren las previsiones y por eso le cuesta anticipar las consecuencias de las situaciones en las que se involucra. Considera que no hay pérdida más irreparable que la de un recuerdo borrado y también que nadie puede estar seguro de que los pensamientos asumidos como propios en realidad lo sean. Cuando despierta angustiado, se va a la biblioteca: su propia asfixia es menos grave que la entrevista en algunos libros… El abc de Byobu (2004), de Ida Vitale, se lee como si se escuchara a la poeta uruguaya esbozar el personaje principal para el que aún no imagina una historia. El dramaturgo Henrik Ibsen procedía así, arrancando con la caracterización: “Antes de escribir la primera palabra tengo que tener ya al personaje en mi imaginación por entero. Tengo que penetrar hasta el último recoveco de su alma. Siempre parto desde el individuo. La puesta en escena, el conjunto dramático, todo eso se me da después naturalmente y no me ofrece ninguna clase de dificultades apenas estoy seguro de conocer al individuo en cada uno de los aspectos de su humanidad. También tengo que tener presente su aspecto exterior, hasta el último detalle, cómo se viste, cómo se para, cómo camina, cómo procede, cómo suena su voz”.






