Esos Virgilios
- Francisco Vallenilla

- 12 abr
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 28 abr
300 palabras sobre Montevideo y Canon de cámara oscura, de Enrique Vila-Matas

Hay unos seres que habitan en la frontera entre realidad y ficción, sea lo que sea que entendamos por estas. A ellos, el resto de nosotros, entre quienes es común pensar que ese límite es nítido, debemos los boletos para ir hasta allí. Algunos billetes abonan la ilusión de que exista tal división tranquilizadora entre el mundo racional, avalado por la experiencia sensible y la palabra científica, y el solo concebible por la imaginación. Otros tiques, en cambio, son para el extravío consciente en esa franja porosa donde se desvanecen las certezas, la de que haya un umbral, en primer término. Pasajes turbadores ofreció el escritor uruguayo Mario Levrero y se le deben también al catalán Enrique Vila-Matas, quien borra contornos con novelas a las que nada más que por convención cabe aplicarles etiquetas de metaliteratura, autoficción, etc., así como al internar a sus casi siempre personajes narradores —y con ellos al lector— en territorios nublados por diferentes densidades de desconcierto. Yo, tras recorrer Montevideo (2022) y Canon de cámara oscura (2025), he quedado vilamatiano, recordando haber leído que en Los sótanos del Vaticano (1914), de André Gide, el narrador duda en referir lo que el abad Salus se disponía a contar a la condesa Guy de Saint-Prix: “… me sigue pareciendo hoy demasiado desconcertante, demasiado extraño, como para atreverme a relatarlo aquí sin mayor precaución: hay dos cosas: la novela y la historia. Ciertos críticos sagaces han definido a la novela como la historia que pudo ser, y a la historia como una novela que había sucedido. Forzoso es, en efecto, reconocer que el arte del novelista alcanza a menudo la verosimilitud, mientras que lo ocurrido, en ocasiones, parece inverosímil. Por desgracia, ciertos espíritus escépticos niegan los hechos en cuanto se salen de lo corriente. No escribo para ellos”.






