El altar del instante
- Francisco Vallenilla

- 7 feb
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 feb
300 palabras sobre Kairós, de Jenny Erpenbeck

La joven Katharina va camino del centro cultural húngaro en un día de lluvia. El cincuentón Hans, también. Se ven tres veces antes de hablar. En el autobús, al guarecerse luego debajo de un puente y cuando deciden seguir su marcha. El centro cierra a las seis y ya pasan cinco minutos de la hora. Ella: “Ya está cerrado”. Él: “¿Tomamos un café?”. Ella: “Sí”, y eso que se dicen, significación de todo cuanto ya se han dicho con la mirada en los tres instantes anteriores, es suficiente para que sus vidas, hasta entonces separadas —aunque ella no le es del todo desconocida: es la hija de Erika Ambach, quien la tenía de la mano, hace muchos años, en una manifestación del Primero de Mayo—, se entrelacen de veras. Se toman el café y después, cuando ya parece que se alejan sin más, resuelven pasar la tarde juntos. “Ahí siguen los dos, sobre la alfombra azul del salón (del apartamento de Hans), en su isla, descalzos, con brazos y piernas entrelazados, y solo a veces, emergiendo de su alegría ciega, abren los ojos y se miran el uno al otro (…) Y entonces vuelven a cerrar los ojos, para ver, con su mano y con su boca, más a fondo”. No paran allí, esa vez continúan en el cuarto matrimonial y por mucho tiempo más se empecinarán, lastimándose, en replicar la singularidad efímera que han vivido. Kairós (2021) titula Jenny Erpenbeck su novela —ambientada en los años finales de la República Democrática Alemana—, pero eso no lo saben sus personajes, como también ignoran lo que Hans Schnier, protagonista de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll, ha experimentado: “Por felicidad, no alcanzo a entender nada que dure más de un segundo, puede que dos o tres como máximo”.






